EL CONTEXTO INTERNACIONAL PARA LA ECONOMÍA ARGENTINA EN 2018

Tras la elección de Donald Trump como presidente de EE.UU., se temía que se produjera un deterioro sensible y abrupto del contexto internacional en el que debería moverse la economía argentina. Se esperaba un endurecimiento de la situación financiera con fuertes alzas de las tasas de interés y el riesgo emergente, así como un deterioro del escenario comercial a partir del previsible enfriamiento de la economía global y el rebrote del proteccionismo.

 Sin embargo, a nueve meses de la llegada de Trump a la Casa Blanca, lo cierto es que el contexto externo se ha movido en la dirección exactamente opuesta.

 En el frente financiero, persiste un cuadro bastante constructivo. Si bien la Fed avanza en la normalización de su política monetaria, la suba de las tasas de interés de corto plazo no ha impactado en las tasas largas, las más relevantes para nuestra economía. El rendimiento del bono del Tesoro a diez años cerró la semana pasada en 2,36%, cuando en marzo había llegado a tocar 2,63%. Con la tasa libre de riesgo en niveles todavía bajos para los parámetros históricos y con el desplome pos-PASO del riesgo país argentino, nuestro proxy del costo del financiamiento externo (rendimiento del bono del Tesoro a diez años + spread EMBI) cayó en septiembre por debajo del 6%, el menor nivel del que tengamos registro.

La eventual continuidad de este escenario financiero internacional tan benigno sería crucial para la marcha de la economía argentina en el año entrante. La disponibilidad de financiamiento externo barato permitiría al Gobierno insistir con el abordaje gradualista que eligió para lidiar con el problema fiscal y evitar un ajuste abrupto que afectaría al nivel de actividad. Además, la caída de la tasa de interés relevante contribuirá a dinamizar la inversión real, pues hará que se exija una menor tasa de retorno a los proyectos expansivos en danza y porque habrá crédito externo accesible para financiarlos.

 En el plano comercial, la dinámica externa también ha sido mejor que la prevista. La economía global recobró dinamismo (el segundo trimestre fue el de mayor crecimiento del PIB mundial desde 2011) y también repuntaron los volúmenes de comercio internacional. El temor a que Trump desatara guerras comerciales y provocara un desplome del intercambio resultó ser –al menos por ahora- sobredimensionado. Además, el FMI proyecta para 2018 que tanto la economía mundial como – más importante– nuestros principales clientes seguirán ganando dinamismo. Nuestro Indice de Demanda de Exportaciones Argentinas crecerá en 2018 al ritmo más ágil desde 2011.

Desde ya, este escenario internacional por demás constructivo podría revertirse en el año entrante. Hay varios factores de riesgo amenazantes. Los principales, los focos de tensión geopolítica (Corea del Norte y Oriente Medio), la posibilidad de algún movimiento disruptivo de Trump en el plano comercial o algún hecho que trunque el escenario de hiperliquidez global. Como bien alertó The Economist, no resulta tranquilizador que prácticamente todos los mercados de activos globales (acciones, bonos, inmuebles, criptomonedas) estén cercanos a sus máximos históricos.

 Creemos, sin embargo, que los banqueros centrales del Hemisferio Norte extremarán las precauciones para evitar perturbar la calma financiera, y que estarán muy atentos para volver a inyectar liquidez tan pronto como se perciba el riesgo de turbulencias desestabilizadoras. Confiamos, en definitiva, en que durante 2018 la economía argentina seguirá disfrutando de un moderado “viento de cola” externo.

 

Fuente: http://www.eleconomista.com.ar

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