Harina de soja, el eje estratégico de integración con el gigante asiático

La estimación de Naciones Unidas (ONU) es que la población mundial crecerá hasta 2100, cuando llegaría a 10.900 millones de habitantes, con Africa más que triplicándose (4.300 millones), a pesar de que Asia continuaría siendo la región más populosa del planeta (4.700 millones).

Esto implica que la demanda mundial de commodities agrícolas, arrastrada por la suma de auge de la población global más aumento de la demanda de carnes, sobre todo en los países emergentes y en desarrollo, experimentaría un alza notable y sostenida.

FAO proyecta que el consumo mundial de carnes crezca 27% en 2050 y 43% en 2080, con una nítida correlación entre alza del ingreso per cápita y auge del consumo de carne. En China, el ingreso por habitante crece 8,1% anual y se duplica cada 8 años.

La integración que existe entre China y Asía es mayor que la que caracteriza a la Unión Europea (UE); y está centrada en el desarrollo de las cadenas globales de producción con eje en la República Popular. Lo previsible es que el alza del ingreso per cápita chino se transfiera al continente asiático, en que vive más de la mitad de la población del mundo.

El papel de China es central en las proyecciones de FAO. Señala que la demanda china de soja creció 8,5% anual entre 2000/2015, el doble que el alza global en el mismo período.

Agrega que China ha cubierto en esta etapa la diferencia entre oferta y demanda (más de 40%/50%) con un aumento de las importaciones de soja de Estados Unidos, Brasil y la Argentina. Esas importaciones pasaron de cero toneladas en 2000 a más de 100 millones de toneladas en 2018.

De ahí que las importaciones chinas de soja fueran más de dos tercios del intercambio global del producto, y representaran 90% del comercio mundial en el periodo 2000/2015.

La particularidad del caso chino es que la demanda de harina ha crecido a una tasa muy superior a la de producción de carne de cerdo, con una divergencia creciente entre las dos a lo largo de las últimas 2 décadas.

Este dato esencial indica que la producción de carne de cerdo en la República Popular pasó de los pequeños productores (más de 240 millones) a las grandes unidades productivas, capaces de procesar más de 100.000 cabezas de ganado porcino por año.

Estas unidades utilizan en gran escala soja y harina de soja como alimentos para la producción animal, a diferencia de los pequeños productores que utilizan, como ha ocurrido históricamente, restos de los alimentos que consume la población.

Esto es lo que otorga a la harina de soja un papel central, prácticamente excluyente, en la producción de carne de cerdo en China. El resultado ha sido que más de 60% de la producción se realiza hoy en grandes unidades productivas, una tendencia que el estallido de la “fiebre porcina” no ha hecho más que acelerar.

La novedad histórica del mercado de carnes en la República Popular es que este año ha comenzado a importar harina de soja de la Argentina, de lejos el principal productor y exportador mundial.

El comercio chino de carnes tiene características de una cadena trasnacional de valor; y esto significa que hay que prever un auge de las inversiones de la República Popular en este sector, antes que un aumento de las exportaciones de la Argentina, con el objetivo absolutamente prioritario de aumentar la producción en territorio nacional.

En la acumulación capitalista del siglo XXI, no es el comercio el que atrae las inversiones, sino las inversiones las que promueven y multiplican el comercio.

Esto equivale a decir que la producción de harina de soja en la Argentina se convierte en parte integrante del proceso de acumulación de la República Popular, guiada por un vector de las siguientes características: más demanda, más importaciones y más producción en la Argentina; y en el comienzo y en el final, más inversiones de China.

USDA prevé que el consumo chino de soja crezca un 2,7% anual entre 2018 y 2028; y que se complete en este período la transición del negocio de carnes de la República Popular, con más de 80% de la producción realizada en grandes unidades productivas, que utilizan con exclusividad soja y harina de soja.

La harina de soja es la línea fundamental de integración de la Argentina con la segunda economía del mundo, que es China (U$S 13,9 billones en dólares constantes), en las condiciones de creación de un sistema global absolutamente integrado que es propio del capitalismo en el siglo XXI.

Fuente: Clarín

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